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7 de abril de 2010

El lado bueno de lo malo

Estamos en crisis. Unos más que otros, pero estamos en crisis. No hay persona de ningún sector de la sociedad a la que haya preguntado si estaba afectada por la situación que me haya respondido negativamente. Taxistas, libreros, comerciantes, editores, constructores, comerciantes, albañiles, fabricantes… Se habla de la crisis, se describen minuciosamente sus efectos, se maldice a los usureros que la han provocado, se hacen juicios catastrofistas, se golpea al gobierno desde la oposición como si fuese su principal artífice… Pero se habla menos de lo que se puede hacer para salir de ella, de cuál es la actitud con la que se la debe afrontar.

Ya sé que llevarle ideas de esta naturaleza a quien tiene necesidades apremiantes puede considerarse una osadía y, quizás, una desfachatez. Se me dirá: Lo que necesita quien no puede comer, es comida. Lo que desea quien no tiene dinero, es dinero. Pero, si bien se piensa, acaso no es tan descabellado invitarles a esas personas a que busquen la manera de hacerse con alimento o con dinero. Más aún, acaso no es tan estúpido decirle con qué actitud se puede vivir esa temporal carestía. Es difícil persuadir a un parado que no cobra el desempleo de que su situación tiene un lado positivo. Debe satisfacer las necesidades básicas de los suyos desde una precariedad absoluta. Insoportable realidad a la que difícilmente se puede encontrar una dimensión positiva. Pero la hay. Es difícil convencer a un empresario que tiene que cerrar el negocio con el que mantenía a la familia de que en esa dramática situación puede haber una perspectiva deseable. Pero la hay.

No es fácil determinar por qué y cómo se ha entrado en esta crisis que tiene dimensiones mundiales y concreciones nacionales. Si no se sabe con claridad por qué y cómo hemos entrado en crisis, más difícil es saber cómo vamos a salir y en qué plazos. Los problemas financieros tienen una estructura compleja. Jefrey Kluger, periodista de la revista Times, ha escrito recientemente un interesante libro titulado “Simplejidad”, palabra que fusiona los términos simplicidad y complejidad. En él explica por qué las cosas simples acaban siendo complejas y las cosas complejas pueden ser simples. En el primer capítulo responde a la siguiente pregunta: ¿Por qué es tan difícil predecir el marcado de valores?

La salida de la crisis exige confianza en que se va a poder salir de ella. Y, además, coraje, creatividad, trabajo y perseverancia. Todo ello permite el crecimiento y el desarrollo personal y colectivo. Ha llegado a mis manos un texto de Albert Einstein sobre el tiempo de crisis. ¿Escribió Einstein realmente este interesante texto? No lo sé. No he localizado la fuente exacta. En su libro “The Wordl As I See it”, publicado en 1935 habla de la crisis de 1930, aunque en términos diferentes. Lo que me importa es subrayar el espíritu que subyace al texto que ahora voy a reproducir. Obliga a pensar y a reaccionar. Ya sé que el argumento de autoridad ha de ser puesto en solfa pero, si alguien lo tumba de manera absoluta, me remito al análisis del contenido del texto más que a su autor. Es decir, que lo haya dicho quien lo haya dicho, en estos pensamientos se encuentra, a mi juicio, una gran verdad.

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro.

Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer superarla”.

Choca la filosofía de este texto con los titulares que diariamente nos ofrecen televisiones, radios y periódicos: análisis apocalípticos, anuncios de despidos masivos, incremento espectacular del paro, cierre de empresas, hundimiento de bancos, descenso de las ventas de coches, inflación galopante, inusitada deflación… Se ofrecen datos que siembran el presente de amargura y el futuro de sombras siniestras. Los emprendedores se retraen acobardados, los bancos niegan dinero, las familias guardan sus ahorros, se paraliza el mercado de viviendas… En resumen: desconfianza, miedo, encogimiento y miles de lamentos.

Los agoreros pronostican grandes calamidades. Se trata de personas como la que describe José Saramago en su interesante novela “El viaje del elefante”: una persona que sigue de un lugar a otro a un circo esperando que el equilibrista falle, se caiga y se estrelle contra el suelo.

Lo verdaderamente trágico es creer que no somos capaces de salir del atolladero. Y esto lo digo en dos vertientes distintas y complementarias. Como personas o familias en un nivel micro y como colectivos y países en un nivel macro.

Este es el lado bueno del momento malo. Esta es la cara que hay en la cruz y la luz que hay en las sombras. El lado bueno es el esfuerzo por salir adelante, la lucha por superar los problemas, la inventiva para salir de las rutinas y la solidaridad para desterrar el individualismo exacerbado.

Prefiero esta postura a su contraria. La de quienes se obstinan en buscar porque también existe, el lado malo de lo bueno, Es más triste y más paralizante.

6 de abril de 2010

¿Cuál es el sentido de la vida?

Quizás tú sientes que el dinero, el poder, o encontrar a tu pareja puede ser el sentido de tu vida.

O quizás buscas el sentido de tu vida en las opiniones y en la búsqueda de aprobación de tus amigos, tus padres, etc., pero siempre acabas sintiéndote igual: con una sensación interior de desesperanza y vacío.

Pero lo más interesante, es que el sentido de tu vida lo sientes, por primera vez, cuando sufres un gran estremecimiento emocional o está en peligro tu vida.

Es, en esos momentos, cuando todo aparece tan claro como si, después de una tarde con neblina, esta se disipara y apareciera el sol, reluciente, ante tus sorprendidos ojos.

¿Has hecho alguna vez el experimento de visualizarte en tu propio funeral? ¿De imaginarte el recuerdo que deseas dejar en tus amigos y tu familia?

Si no lo has hecho… imagínate por un instante, que hay una tumba, que estás asistiendo a un funeral… y que abres la tapa, para ver a la persona que está dentro… ¡y para tu sorpresa… ¡eres tú mismo!

Es tu propio funeral.

¿Por qué deseas que te recuerden las personas que están asistiendo a tu funeral?... piensa por un instante…

Ahora, ¿Qué te hubiera gustado haber logrado? ¿Haber experimentado?... piensa por unos instantes…

Para mí, resultó curioso que en lo que yo imaginé más en este ejercicio, es en el amor… en los detalles aparentemente “tontos” de la vida: en mi pequeña sobrinita, pícara y encantadora… en los hermosos momentos que pasé con mi pareja… y en los instantes en que serví a alguien y lo ayudé… en mi familia biológica y mi segunda familia que afortunadamente he encontrado gracias a una relación que tuve…en mis amigos (as), en mis muy viejos y viejas amigas…. Y por qué no, con tanto trabajo… el lado monetario de la vida…. Autos, casas, propiedades… esas cosas que puedes adquirir con mucho trabajo.

¿Te pasaron cosas parecidas a ti cuando hiciste el ejercicio, de pura casualidad?

Recuerdo que en el libro bíblico de Proverbios, dice una cita más o menos así: “He visto que no hay nada mejor para el hombre terrestre que se regocije por el duro fruto de su trabajo, es el don de Dios”.
¿Qué es lo que te regocija a ti? Pueden ser pequeñas cosas, desde caminar en un atardecer de lluvia, en un bosque, escuchando el suave trino de los pájaros y peculiar sonido de los grillos al anochecer.
Llenarse los pulmones hondamente con el frescor y el aroma a árbol mojado y hierba…
En lo personal, pocas cosas me dan tanto deleite como despertarme temprano, caminar, y oler el delicioso aroma a fresco… escuchar aún los cantos de los pájaros, y las calles todavía pacíficas y tranquilas, antes del duro y nervioso ajetreo diario.

Y contemplar la luna en la noche, en la calle, ya casi sin gente.

Quizás disfrutar de la compañía de una amiga, llenarme de su sonrisa y del brillo de su mirada… de tener entre mis brazos a la niña que más quiero… ¡en fin!

Con sabiduría, Dios dijo que en verdad no podríamos entrar al reino de los cielos hasta que volviéramos a ser niños, y con profunda admiración, ahora que convivo a diario con mi sobrinos de 6 y 3 años, puedo comprender en toda su majestuosidad lo que significa esto.

Admiro de ellos su alegría eterna, de la felicidad que les trae que les obsequie una simple goma de mascar, que los cargue… admiro la seguridad en sí mismos, instintiva y natural que tienen.
Su terquedad para conseguir lo que quieren, a pesar de los intentos manipuladores de los adultos para dominarlos con un “ya no te voy a querer”, “eres malo”, “mira como te ve la gente”, “pareces niña”, “si te comportas te compro esto”… me pregunto cuántos de nosotros nos quedamos inconscientemente con esas manipulaciones desde niños.

Los niños no entienden el concepto del rencor. Puedes insultarlos y pelear con ellos, pero al rato están como si nada. Y no fingen.

Es que así es la naturaleza de un niño.

Y tienen una capacidad inagotable para jugar y hacer cosas… ¡y ser felices!
Reflexioné, que toda mi lucha interior… ¡está enfocada a volver a ser niño!

¡Tener la alegría y espontaneidad de un niño!
¡Aprender a perdonar y olvidar como un niño!
¡Tener la terquedad para conseguir lo que quiero, como un niño!

Y por fin entendí aquella frase de Picasso: “A los 10 años ya pintaba como uno de los grandes del Renacimiento… ¡pero tarde otros 50 para volver a pintar como un niño!”.

Entonces, ¿Cual es el sentido de la vida? Para mí, es vivir permanentemente en el presente, disfrutando de todo, obedeciendo a los impulsos de mi corazón… y haciendo lo que me hace más feliz, en cada momento.

Ya sea en mi trabajo, en el amor… ¡todo lo que esté haciendo en todo momento y a cualquier hora! Así sea mientras viajo en camion.

Sabes? Quizás hoy yo debería estar muerto. Si.

Hace unos meses, por la esquina de mi cuarto, distraído, pensando en aquella niña que me volvía loco con solo verla, que había salido de su trabajo un par de horas antes que yo… preocupado por si ya había llegado a casa… cuando de pronto se acerca una moto con dos sujetos…se detienen a unos metros e intentan asaltarme… me dice uno de ellos… Dame $100.00 (cien pesos), solo le conteste que no tenía y se molesto tirándome un golpe en la cabeza con una navaja de aquellos grandes, que por suerte no me pego de punta, de lo contrario ya no estuviera escribiendo esto…. Solo termino con esto que… con mucho agradecimiento recuerdo en la forma que me curaron…. Mi familia a fin… y creo descubrí que tengo la cabeza muy dura….

Di vueltas y vueltas alrededor del cuarto y no pude entrar porque aquellos tipos aun estaban ahí esperándome regresar…

Ya después de la experiencia me pregunté ¿Cuántas cosas inconclusas hubiera dejado de mi vida sin hacer? ¿Cuántas personas que quiero y amo nunca se los expresé? ¿Cuántas personas que me aman, o amaron nunca me lo dijeron y yo jamás lo sabría?

Estoy vivo, sigo vivo… por eso debo aprovechar cada momento, cada minuto, cada segundo para intentar ser feliz, y hacer feliz a aquellas personas que quiero…

Y más disposición para amar y ser feliz. Tengo muchos sueños por cumplir y espero que tú también los tengas.
Me despido.

¡Suerte!