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19 de marzo de 2010

Bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.
De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…
Estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá sólo estés echando raíces...

1 comentario:

  1. Por supuesto, nuestra maestra y madre naturaleza, mi alma mater. Un ejemplo más de lo que podemos aprender de nuestra maestra naturaleza. UNA CLAVE DE ÉXITO.

    Aceptemos las lecciones que nos dan las flores también que saben cómo atraer a las abejas que simplemente vengan a polinizarlas,pero en vez de rogar o regañar o coaccionar la flor se limita a exudar unas gotitas de néctar, la flor simplemente sabe que las abejas tienen sed de néctar; de igual manera, si nos dedicamos a analizar a la persona que tiene una personalidad atrayente descubriremos que esta también brinda alimentos para saciar esos anhelos fundamentales de los seres humanos.

    Excelente...
    le incito a usted como un favor personal que no deje de escribir sus criterios, sus comentarios con el fin de terminar lo que ha iniciado con esos enfoques de superación y productivista.

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